Archivo de la categoría: Política

George Orwell vs Aldous Huxley

A través del Blog de un otario me encontré con una genial viñeta de Stuart McMillen en la que compara la distopiía creada por Orwell en su libro 1984, con la creada en Un mundo feliz por Huxley y que no podía dejar de compartir (al final de la viñeta también esta la traducción).

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Giddens y sus consejos para la izquierda

En mi primer año de universidad cursaba la materia “filosofía social”, en ésta, el trabajo final fue tomar la teoría de algún pensador que, según nosotros, pudiera aplicarse para mejorar la situación política y social de México. Yo realicé mi trabajo basado en la Tercera vía de Anthony Giddens, guru de Tony Blair y director del London School of Economics. En aquel tiempo me parecía genial su desarrollo sobre una “izquierda moderna”, ahora me sigue pareciendo una teoría lucida, pero dudo que en los temas sociales (principalmente estado de bienestar) sea de izquierda. Claro que tengo que admitir que esto, seguramente se debe a la forma en que Blair lo “llevo” a la práctica y no tanto por el trabajo académico de Giddens.

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Vía el blog de Juan Pardinas, encontré un artículo publicado por Giddens en el periódico argentino La Nación. Según el autor del blog la izquierda mexicana debería seguir los consejos. Yo no se sí esos consejos se ajusten a la situación mexicana, pero si se que a muchos políticos mexicanos no les caería mal leer a Giddens, o ya de perdida leer.

¿Alguna recomendación literaria para los políticos mexicanos?

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¿Seguridad por libertad?

alambre-de-puas.jpgEn estos tiempos, en que el país atraviesa una etapa muy confusa, donde los medios nos bombardean con escenas, una más violenta que la anterior, momentos en el que el gobierno nos quiere tranquilizar con imágenes de militares por las calles, como en un juego de policías y ladrones, Xavier Velasco, literato mexicano, nos deja en su columna del Diario Milenio unas palabras para reflexionar:

“Gracias a la degradación de los conceptos, ayudada a su vez por el crecimiento exponencial de la paranoia, hay quien ya identifica a la seguridad como nueva fuente de libertad. No obstante, ¿alguien conoce una palabra más mentirosa? Placebo para neuróticos, toda la idea de seguridad delata sólo su poder analgésico en contra del miedo, y en el miedo no hay libertad posible.”

 

Ya Arendt lo había dicho, cuando habló de la absorción de la esfera social sobre el espacio público. En el que dicho reemplazo es el rechazo de la acción libre por una conducta homogénea. Esta absorción de lo social sobre lo político-público, nos da como resultado no un hombre libre, sino un hombre masa; es decir, un hombre que ha renunciado a la libertad y al pensar para obtener seguridad y certeza.

 

 

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Oportunidad histórica

En México, hasta hace algún tiempo, el Poder Judicial era considerado irrelevante para el quehacer político. Desde la opinión pública mostrábamos cierta reticencia a ver al Poder Judicial como un actor de facto en la vida política del país y simplemente nos preocupaba su vertiente policíaca. Sin embargo el contexto político en el que nos encontramos nos demuestra, día con día, la importancia que el Poder Judicial tiene para el país. En un Estado constitucional como lo es México, el ejercicio del poder queda supeditado al orden jurídico constitucional, y desde las reformas impulsadas en la administración de Zedillo, el Poder Judicial ha comenzado a actuar como un árbitro en las disputas políticas.

En el contexto nacional sobresale particularmente la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) con su dictamen de inconstitucionalidad sobre algunos puntos de la llamada Ley Televisa. Ahora la Corte tiene en puerta dos casos de suma importancia para el país, que habrán de confirmar su peso político y su compromiso con la transición democrática de México.

En el caso Oaxaca por los hechos de represión ocurridos hace un año en contra del movimiento social encabezado por la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca, en el que la SCJN recomendó por unanimidad la conformación de una Comisión que tiene como misión investigar las violaciones a las garantías individuales que ocurrieron en el estado.

Por otra parte, el caso Lydia Cacho, a quien le fueron violadas sus garantías individuales por el gobierno de Puebla y autoridades del estado de Quintana Roo por denunciar las redes de la pederastia y sus nexos con el poder político y económico.

Lydia Caho en la Corte

Si bien en ambos casos, hasta ahora parece que la actuación de la SCJN ha sido responsable y comprometida con los derechos humanos, falta ver cómo se resuelven de manera definitiva.

La Corte ha dado grandes pasos, el más reciente fue hacer públicas sus audiencias, lo que permite mayor transparencia en sus procesos. Sin embargo falta mucho por hacer, el Poder Judicial requiere reformas de fondo. Es el momento de preguntarnos si ¿el Poder Judicial y la SCJN tienen lo necesario para jugar su mejor papel?, ¿si tienen la autonomía suficiente y la transparencia que demanda una sociedad democrática?

La Corte tiene una oportunidad histórica para mostrarse como una institución responsable, que garantiza los derechos de los ciudadanos. Puede mostrar que no podemos hablar de derechos políticos, mientras los derechos de una sola persona no sean respetados. La SCJN tiene la oportunidad de mostrar que la Constitución está para proteger a los ciudadanos y la Corte para asegurar que nadie pisotee sus derechos. Puede demostrar que ante la incompetencia de otras instancias de gobierno, ésta puede ser garante de la legalidad. La Corte tiene una oportunidad histórica, pues puede demostrar que está dispuesta a preservar las garantías de los ciudadanos y no a ser una Corte servil a los intereses económicos y políticos de unos cuantos.

Por: Jonathan Giron Palau

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Puerta abierta al ejército

El gobierno encabezado por el presidente Calderón ha declarado la guerra a los cárteles de la droga. A estas alturas, en que la violencia desatada en el país es evidente y palpable, se puede afirmar que no hay vuelta atrás. El combate al narcotráfico ha iniciado y no parece factible ni deseable un repliegue por parte del gobierno.

Sin embargo, y a pesar del gran despliegue que se ha dado, no queda claro que el gobierno de Calderón tenga una estrategia precisa a mediano y largo plazo. Si bien es el ejército quien ha sido usado como la punta de lanza en esta lucha, hasta el momento no hay indicios de que esta lucha sea integral. No se está combatiendo al narcotráfico con una estrategia multidimencional que abarque desde la prevención a las adicciones -al narco no se le ha afectado en lo referente al consumo, por el contrario la demanda se ha incrementado-, hasta un ataque a las estructuras financieras de los cárteles que busque desmantelar su poderío económico. En otras palabras el uso del ejército aparece como la única carta del gobierno.

Es cierto que las policías están infiltradas, que algunos de sus elementos han sido corrompidos y se encuentran rebasadas ante los cárteles de la droga. Sin embargo, el poder que se le está dando al Ejército y Fuerza Aérea Mexicana es desproporcionado. Han pasado de tener un papel de apoyo a uno protagónico, en el que dirigien, detectan y hasta capturan —lugar que claramente le corresponde a las autoridades civiles.

Que el ejército esté en el centro del combate al narcotráfico es un error. En primer lugar porque esto sólo ataca una parte del problema, y en segundo porque deja a la institución encargada de la seguridad nacional en una posición de vulnerabilidad. Además hay que tener en cuenta que el ejército no está capacitado para tareas policíacas lo que conlleva, como ya se ha visto, un riesgo para los derechos humanos.

Militares

El gobierno debe reajustar su estrategia, atacando todos los frentes en su combate a los cárteles de las drogas. Debe fortalecer a las policías y tener claro el papel que deben jugar las fuerzas armadas, en este caso de apoyo.

Lo que está sucediendo con el ejército puede resultar peligroso. Por decreto presidencial del 9 de mayo se creó el Cuerpo Especial de Fuerzas de Apoyo Federal del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana, con el fin de combatir al narcotráfico. Este Cuerpo servirá para “proporcionar apoyo a las autoridades civiles de cualquier nivel de gobierno en tareas de restauración del orden y seguridad pública.” En el decreto de creación de dicho Cuerpo, se dice que será usado para contrarrestar actos de perturbación de la paz social. Sin embargo no se define en qué casos deberá restablecer la paz social, ni qué se entiende por ésta.

Al ejército se le ha dejado al frente del combate al narcotráfico. Se le está dando un poder político que de hecho hace años no tenía. Que sea el ejército la punta de lanza en la lucha contra el narcotráfico; que se le estén dando más tareas policíacas y de inteligencia, deja la puerta abierta a que el ejército adquiera un poder de facto en la vida política de México. La entrada de las fuerzas armadas en la política y en la vida civil de un país, socava el espíritu democrático del mismo y pone en peligro los derechos de sus ciudadanos. Abrir esta puerta, es abrirle la puerta al autoritarismo de otros tiempos.

Por: Jonathan Giron Palau

Publicado en La Jornada Morelos

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