Puerta abierta al ejército

El gobierno encabezado por el presidente Calderón ha declarado la guerra a los cárteles de la droga. A estas alturas, en que la violencia desatada en el país es evidente y palpable, se puede afirmar que no hay vuelta atrás. El combate al narcotráfico ha iniciado y no parece factible ni deseable un repliegue por parte del gobierno.

Sin embargo, y a pesar del gran despliegue que se ha dado, no queda claro que el gobierno de Calderón tenga una estrategia precisa a mediano y largo plazo. Si bien es el ejército quien ha sido usado como la punta de lanza en esta lucha, hasta el momento no hay indicios de que esta lucha sea integral. No se está combatiendo al narcotráfico con una estrategia multidimencional que abarque desde la prevención a las adicciones -al narco no se le ha afectado en lo referente al consumo, por el contrario la demanda se ha incrementado-, hasta un ataque a las estructuras financieras de los cárteles que busque desmantelar su poderío económico. En otras palabras el uso del ejército aparece como la única carta del gobierno.

Es cierto que las policías están infiltradas, que algunos de sus elementos han sido corrompidos y se encuentran rebasadas ante los cárteles de la droga. Sin embargo, el poder que se le está dando al Ejército y Fuerza Aérea Mexicana es desproporcionado. Han pasado de tener un papel de apoyo a uno protagónico, en el que dirigien, detectan y hasta capturan —lugar que claramente le corresponde a las autoridades civiles.

Que el ejército esté en el centro del combate al narcotráfico es un error. En primer lugar porque esto sólo ataca una parte del problema, y en segundo porque deja a la institución encargada de la seguridad nacional en una posición de vulnerabilidad. Además hay que tener en cuenta que el ejército no está capacitado para tareas policíacas lo que conlleva, como ya se ha visto, un riesgo para los derechos humanos.

Militares

El gobierno debe reajustar su estrategia, atacando todos los frentes en su combate a los cárteles de las drogas. Debe fortalecer a las policías y tener claro el papel que deben jugar las fuerzas armadas, en este caso de apoyo.

Lo que está sucediendo con el ejército puede resultar peligroso. Por decreto presidencial del 9 de mayo se creó el Cuerpo Especial de Fuerzas de Apoyo Federal del Ejército y Fuerza Aérea Mexicana, con el fin de combatir al narcotráfico. Este Cuerpo servirá para “proporcionar apoyo a las autoridades civiles de cualquier nivel de gobierno en tareas de restauración del orden y seguridad pública.” En el decreto de creación de dicho Cuerpo, se dice que será usado para contrarrestar actos de perturbación de la paz social. Sin embargo no se define en qué casos deberá restablecer la paz social, ni qué se entiende por ésta.

Al ejército se le ha dejado al frente del combate al narcotráfico. Se le está dando un poder político que de hecho hace años no tenía. Que sea el ejército la punta de lanza en la lucha contra el narcotráfico; que se le estén dando más tareas policíacas y de inteligencia, deja la puerta abierta a que el ejército adquiera un poder de facto en la vida política de México. La entrada de las fuerzas armadas en la política y en la vida civil de un país, socava el espíritu democrático del mismo y pone en peligro los derechos de sus ciudadanos. Abrir esta puerta, es abrirle la puerta al autoritarismo de otros tiempos.

Por: Jonathan Giron Palau

Publicado en La Jornada Morelos

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Archivado bajo Derechos, Ejército, Fuerzas Armadas, Justicia, Política

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